20 segundos de coraje
El ser valiente es algo que siempre ha estado muy presente en mi vida. Supongo que tendrá que ver con que desde pequeña he pecado de insegura. Es más, sólo me sentía segura cuando estaba con mi abuelo y mi hermana. Os ahorraré las conjeturas: me hubiese venido muy bien un poco de refuerzo positivo, pero poco se sabía de psicología infantil en esos tiempos.
Así que, como os podréis imaginar, siempre he buscado referentes que me hiciesen aspirar a mejorar en ese aspecto. Sí, mi princesa Disney favorita era Mulán. La duda ofende. Y a nivel de carne y hueso, mi hermana también es un referente. No hay más. Siempre he admirado a la gente que hace lo que quiere y dice lo que piensa sin miedo a lo que pueda pasar o al qué dirán.
Mi talón de Aquiles se hizo más tangible cuando mi abuelo murió. Ya no tenía a nadie que me recordase que podía ser valiente. Por lo que empecé a buscar maneras de solventar esa carencia. Comencé a trabajar en mi autoestima y como soy muy cabezota, reforcé el mensaje tatuándomelo. Literal. El ‘valiente’ y ‘sin miedo a volar’ están en mis antebrazos bien visibles por si en algún momento flaqueo. Tatuajes a modo post-it. Amén.
Inconscientemente, ya tengo un patrón de búsqueda de referentes o referencias por si el día de mañana me quedo corta. Otro de ellos es la frase que da título a este texto. No esperéis una fuente súper sabia rollo un poema de Kipling o una frase célebre de Einstein. No, cual yonki de referencias sobre valentía que soy, a mí me vale cualquier cosa. Siempre y cuando me sirvan.
Esta frase viene de la película ‘Un lugar para soñar’. No es mi película favorita ni mucho menos, pero cuando escuché esa frase se me quedó grabada a fuego. Y como buena fan del ‘ensayo y error’ que soy, empecé a ponerla en práctica en cuanto se presentaba la oportunidad: entrevistas de trabajo, expresar lo que siento, cualquier cosa que me molestase, etc.
Después de llevar casi un año utilizándola, os puedo decir que da sus frutos. Creo que es, sobre todo, porque de tanto probarla, ya llega un momento en el que la interiorizas y el impulso te sale solo. Igualmente, creo que las cosas que merecen la pena requieren únicamente de 20 segundos de coraje. Es curioso, porque lo que más disfruto es el momento de antes. Es como el silencio de antes del punteo de ‘La vereda de la puerta de atrás’ de Extremoduro. ¿Sabéis a qué me refiero? Esa sería la BSO de mis 20 segundos, ese punteo mágico de todo es posible.
Gracias 🤗 solete ☀️
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