Cuestión de gustos
Hay tantos tipos de expresión como personas. Siempre hay un modo en el que somos más nosotrxs mismxs. Es así, lo tuyo puede ser la pintura, la música, el deporte, la fotografía, la cocina, la jardinería, los juegos de mesa o unas cervezas en una terraza del barrio.
En general, nos cuesta expresarnos y más aún cuando se trata de sentimientos, porque es más fácil hablar de cosas que no nos tocan y con las que no nos exponemos directamente. Me asombra el pánico escénico que le tenemos a hablar de lo que nos duele o puede llegar a doler si lo decimos en voz alta. Muchas veces es más fácil desnudarse delante de alguien de forma literal que figurada. La figurada implica muchísimos más riesgos de los que se ven con la luz encendida o apagada, cuestión de gustos.
En mi caso, desde que tengo uso de razón he escuchado lo siguiente "a ti no te gusta mucho hablar de ti misma, ¿no?", a lo que yo contesto riéndome, porque eso significa que esa persona ya me conoce más de lo que me esperaba. ¡Mierda!
No, no me gusta hablar de mí, ni con sobornos. No me siento a gusto hablando, me temo que soy más yo entre letras, algo que no suponga exponerme en público de primeras. La confianza y libertad que me da una hoja en blanco, no me la da nadie. En la hoja no hay barreras mentales ajenas, ni necesidad de cuestionarme qué podrá pensar de mí cuando acabe de contar mi historia.
Supongo que sin hoja soy ese dibujo que se realiza juntando puntos, que no tienes ni idea de dónde empieza ni dónde podrá acabar. No es que me vaya el misterio, es que no disfruto hablando de mí, me cuesta horrores. Yo soy de las que contesta "bien y tú" a un qué tal y me quedo tan pancha, pero si me das una hoja, te arrepentirás de haber preguntado.
¿Qué es lo bueno de la palabra escrita? Que quien quiera conocerte, se tomará su tiempo para leerte, se interesará por cada exclamación y se preguntará el porqué de ese punto y aparte sin cuestionar el punto y final.
Y tú, ¿de qué manera te expresas mejor?
En general, nos cuesta expresarnos y más aún cuando se trata de sentimientos, porque es más fácil hablar de cosas que no nos tocan y con las que no nos exponemos directamente. Me asombra el pánico escénico que le tenemos a hablar de lo que nos duele o puede llegar a doler si lo decimos en voz alta. Muchas veces es más fácil desnudarse delante de alguien de forma literal que figurada. La figurada implica muchísimos más riesgos de los que se ven con la luz encendida o apagada, cuestión de gustos.
En mi caso, desde que tengo uso de razón he escuchado lo siguiente "a ti no te gusta mucho hablar de ti misma, ¿no?", a lo que yo contesto riéndome, porque eso significa que esa persona ya me conoce más de lo que me esperaba. ¡Mierda!
No, no me gusta hablar de mí, ni con sobornos. No me siento a gusto hablando, me temo que soy más yo entre letras, algo que no suponga exponerme en público de primeras. La confianza y libertad que me da una hoja en blanco, no me la da nadie. En la hoja no hay barreras mentales ajenas, ni necesidad de cuestionarme qué podrá pensar de mí cuando acabe de contar mi historia.
Supongo que sin hoja soy ese dibujo que se realiza juntando puntos, que no tienes ni idea de dónde empieza ni dónde podrá acabar. No es que me vaya el misterio, es que no disfruto hablando de mí, me cuesta horrores. Yo soy de las que contesta "bien y tú" a un qué tal y me quedo tan pancha, pero si me das una hoja, te arrepentirás de haber preguntado.
¿Qué es lo bueno de la palabra escrita? Que quien quiera conocerte, se tomará su tiempo para leerte, se interesará por cada exclamación y se preguntará el porqué de ese punto y aparte sin cuestionar el punto y final.
Y tú, ¿de qué manera te expresas mejor?
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