El reto: las connotaciones
La semana pasada acudí a un taller de narrativa sobre migraciones y a pesar de que es un tema que me apasiona, empiezo a ser consciente de que los cambios en este tema son complicados. Lo primero de todo, partimos de una posición de desventaja ya que es un tema que levanta muchas barreras mentales.
Nos guste o no, hemos de ser sincerxs y darnos cuenta de que hemos estado expuestxs, y lo seguimos estando, a mucha información de este tema con enfoques preventivos y, en muchos casos, discriminatorios. El vender la migración como un problema de seguridad nacional es muy conveniente y más si hay un sector privado de servicios que se nutre de esto a su vez. Por otro lado, el miedo a lo desconocido es algo inherente al ser humano, así que, aunque no sea nuestra intención, a menudo vemos al de fuera como un "peligro" o "amenaza".
Por lo que volvemos de nuevo a la piedra angular: el lenguaje. Según la percepción que tenemos de un tema, generamos un lenguaje determinado y un ecosistema de palabras para referirnos a él y, sin darnos cuenta, vamos bañando de connotaciones diferentes a palabras que desde un principio tenían una naturaleza neutra. Ejemplos: inmigrante o patera.
Todo esto, hace que el cambio de narrativa sea necesario, pero a su vez explica el porqué de que este intento sea tan complicado. Para generar un cambio, primero hay que diagnosticar un problema, pero ¿cómo hacerlo si las barreras mentales que "nos protegen", nos impiden ver que hay otras formas de tratar un tema? ¿Cómo promovemos un cambio cuando el resto no es capaz de ver el problema? O peor, no quiere verlo.
Como en todo, hay muchas opiniones al respecto. Hay personas que abogan por un cambio radical de narrativa y otras, entre las que me incluyo, que somos más partidarias de un cambio paulatino y gradual para ir modificando poco a poco el problema raíz: los muros mentales en el imaginario colectivo.
Es aquí cuando me doy cuenta del trabajo que tenemos por delante, porque ya no es sólo todo lo que he expuesto anteriormente, si no que ¿cómo generas un cambio cuando no partimos todos desde la misma base?
Me explico: me he dado cuenta de que la mayoría de las veces en las que la comunicación no funciona, tiene que ver mucho también con la connotación personal que tenemos cada unx sobre las palabras que utilizamos. Para mí este es el gran reto: las connotaciones. Es natural que haya gente que no vea problemas en ciertos discursos, porque no ven una connotación discriminatoria en las palabras utilizadas. Pero el tema va más allá, porque tampoco hay unidad a la hora de buscar alternativas. Yo soy partidaria de reutilizar las palabras, dotarlas de segundas oportunidades. Creo que se puede generar un cambio en la connotación de las mismas desde un enfoque y refuerzo positivo, generando información inclusiva con ellas.
Dicen que la belleza está en los ojos del que mira, pues con el lenguaje pasa lo mismo. Si yo pienso bonito, mi lenguaje es positivo y genera integración. En el caso contrario, lo único que conseguimos es generar muros y barreras mentales que nos acaban haciendo prisionerxs de nuestros propios pensamientos y acciones.
Tal vez, lo verdaderamente importante sería que nos parásemos a pensar en la intención que hay detrás de nuestras palabras y si con ellas contribuimos a generar unidad o todo lo contrario, pero hoy en día ¿quién piensa antes de hablar?
Nos guste o no, hemos de ser sincerxs y darnos cuenta de que hemos estado expuestxs, y lo seguimos estando, a mucha información de este tema con enfoques preventivos y, en muchos casos, discriminatorios. El vender la migración como un problema de seguridad nacional es muy conveniente y más si hay un sector privado de servicios que se nutre de esto a su vez. Por otro lado, el miedo a lo desconocido es algo inherente al ser humano, así que, aunque no sea nuestra intención, a menudo vemos al de fuera como un "peligro" o "amenaza".
Por lo que volvemos de nuevo a la piedra angular: el lenguaje. Según la percepción que tenemos de un tema, generamos un lenguaje determinado y un ecosistema de palabras para referirnos a él y, sin darnos cuenta, vamos bañando de connotaciones diferentes a palabras que desde un principio tenían una naturaleza neutra. Ejemplos: inmigrante o patera.
Todo esto, hace que el cambio de narrativa sea necesario, pero a su vez explica el porqué de que este intento sea tan complicado. Para generar un cambio, primero hay que diagnosticar un problema, pero ¿cómo hacerlo si las barreras mentales que "nos protegen", nos impiden ver que hay otras formas de tratar un tema? ¿Cómo promovemos un cambio cuando el resto no es capaz de ver el problema? O peor, no quiere verlo.
Como en todo, hay muchas opiniones al respecto. Hay personas que abogan por un cambio radical de narrativa y otras, entre las que me incluyo, que somos más partidarias de un cambio paulatino y gradual para ir modificando poco a poco el problema raíz: los muros mentales en el imaginario colectivo.
Es aquí cuando me doy cuenta del trabajo que tenemos por delante, porque ya no es sólo todo lo que he expuesto anteriormente, si no que ¿cómo generas un cambio cuando no partimos todos desde la misma base?
Me explico: me he dado cuenta de que la mayoría de las veces en las que la comunicación no funciona, tiene que ver mucho también con la connotación personal que tenemos cada unx sobre las palabras que utilizamos. Para mí este es el gran reto: las connotaciones. Es natural que haya gente que no vea problemas en ciertos discursos, porque no ven una connotación discriminatoria en las palabras utilizadas. Pero el tema va más allá, porque tampoco hay unidad a la hora de buscar alternativas. Yo soy partidaria de reutilizar las palabras, dotarlas de segundas oportunidades. Creo que se puede generar un cambio en la connotación de las mismas desde un enfoque y refuerzo positivo, generando información inclusiva con ellas.
Dicen que la belleza está en los ojos del que mira, pues con el lenguaje pasa lo mismo. Si yo pienso bonito, mi lenguaje es positivo y genera integración. En el caso contrario, lo único que conseguimos es generar muros y barreras mentales que nos acaban haciendo prisionerxs de nuestros propios pensamientos y acciones.
Tal vez, lo verdaderamente importante sería que nos parásemos a pensar en la intención que hay detrás de nuestras palabras y si con ellas contribuimos a generar unidad o todo lo contrario, pero hoy en día ¿quién piensa antes de hablar?
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