¿Cómo no le vamos a tener miedo al cambio, si siempre que lo hacemos hay alguien reprochándonoslo?
El otro día, comiendo con dos buenos amigos en una de esas sobre mesas en las que cualquier pensamiento o comentario será bienvenido sin ser juzgado, hablamos del cambio y de los juicios que nos imponemos a nosotrxs mismxs, pero sobre todo sobre los que nos imponen los demás y coincidimos en algo: en lo poco que nos gusta sentir el yugo de la gente cuestionándonos ya sea en voz alta o en silencio el porqué de todo aquello que hacemos o dejamos de hacer.
Mi indignación al respecto era mayor que la de ellos, ya que para mí este año ha supuesto un año de muchos cambios. Este año, me di cuenta de que en muchos sitios no me sentía cómoda, porque no tenía libertad de ser yo misma. ¡Ojo! Soy consciente de que la verdadera libertad parte de una misma de dejarte ser quién eres y aquí empezó "EL DRAMA". Intensidad máxima, claro que sí, que para eso es mi blog.
Me di cuenta de que no tenía ni idea de quién era y me había ido diluyendo en varios ámbitos y varios grupos. Así que, como buena persona perdida, volví al origen para empezar desde cero. Si os digo el año más casero de mi vida y que no he necesitado poner Netflix de excusa, ¿me creeríais? Yo tampoco me hubiese creído hace un año, pero he aprendido que para conocerte a ti misma con tus luces y sombras has de recorrer tú sola el camino y así fue como la Soledad se convirtió en mi compañera de viaje.
Me llevé sorpresas, ya que normalmente en nuestra sociedad hemos asociado "soledad" con "depresión" y así me lo recordaba una y otra vez mi Imaginario Colectivo, pero nunca me he sentido más cuerda. Así que seguí caminando.
Me he encontrado con muchas resistencias. Al principio todas eran mías, por supuesto, porque como buen cambio, tú eres la primera en dudar e intentar autoboicotearte aunque sepas que es lo que quieres hacer, pero después vinieron las externas. Éstas son las que a menudo te hacen titubear más en tu elección y es que no sé porqué hemos decidido darles tanta autoridad a los demás sobre nosotrxs mismxs y peor aún, nos hemos empezado a construir según las percepciones que ellxs tienen sobre nosotrxs. No sé si habrá un denominador común, yo descubrí que el mío era el miedo a no encajar, a no obtener la aprobación de los demás. ¿Cuántas cosas de las que hacemos, las hacemos por nosotros mismxs y no por los demás o el qué dirán?
¿Entendéis ahora por qué volví a mi Kilómetro 0? Yo no era yo o al menos no la versión que yo quiero ser, sino que era la que los demás quería que yo fuese. ¡Ojo! Yo lo permití en todo momento, así que si buscáis culpables: HEME AQUÍ.
Ese fue mi gran error. Al ser consciente de ello, me di cuenta de que era algo que ya intuía, pero que no quería ver, que es lo que suele pasar con todas las verdades.
Estaba dejando en manos ajenas el quererme a mí misma. ¡INSENSATA! ¿Y qué peligroso, no? Entendí por primera vez porque siempre me había chirriado aquello de "una palabra tuya bastará para sanarme". Las únicas palabras que deberían tener esa capacidad son las mías propias.
En resumidas cuentas, descubrí la fragilidad del sistema que había creado yo misma. Mi castillo de naipes se derrumbó por completo y desde ese momento, comencé a edificarme a mí manera, a mi gusto, con mis materiales favoritos y disfruté de lo lindo, porque incluso la banda sonora era de mi elección.
No ha sido fácil, porque todo esto me ha supuesto tener que lidiar con muchas emociones y situaciones que no son del gusto de nadie y es que a nadie le apetece levantarse y tener un plato a rebosar de rabia y pena para desayunar. (A lo mejor, ahora mientras lees esto, te choca que no lo edulcorice para hacerlo bonito como es habitual en la era del siglo XXI, pero esto es lo bonito: mostrar las cosas tan y como son)
A pesar de tanta intensidad emocional os diré que he ganado algo que no esperaba: tranquilidad. Al fin tengo la oportunidad de ser yo misma, de conjugar mis propios verbos en los tiempos que yo elija. Ser yo a pelo.
Sin embargo, a medida que yo ganaba tranquilidad, la gente de mi alrededor se llenaba de confusión. No les culpo, la vida es un teatro y ellxs no entendían el cambio de mi personaje. Fue ahí cuando empezaron las reticencias externas y preguntas infinitas encabezadas por: ¿dónde te metes?, ¿por qué ya no escribes?, etc.
Mis conclusiones a día de hoy:
- El WhatsApp no ha traído más que problemas, no creo que se pueda evaluar una amistad o relación basándose en las conversaciones que se establecen en esta aplicación.
- Nos concebimos como estructuras perennes y nos privamos de poder evolucionar, de darnos oportunidades de ser y de equivocarnos.
- Nadie debería de tener que justificar al resto constantemente sus decisiones.
En conclusión, REIVINDICO MI DERECHO A CAMBIAR Y SOBRE TODO DE OPINIÓN.
Lo que ayer me valía a lo mejor hoy ya no, que es incluso lo que me puede pasar mañana con este texto.
Mi indignación al respecto era mayor que la de ellos, ya que para mí este año ha supuesto un año de muchos cambios. Este año, me di cuenta de que en muchos sitios no me sentía cómoda, porque no tenía libertad de ser yo misma. ¡Ojo! Soy consciente de que la verdadera libertad parte de una misma de dejarte ser quién eres y aquí empezó "EL DRAMA". Intensidad máxima, claro que sí, que para eso es mi blog.
Me di cuenta de que no tenía ni idea de quién era y me había ido diluyendo en varios ámbitos y varios grupos. Así que, como buena persona perdida, volví al origen para empezar desde cero. Si os digo el año más casero de mi vida y que no he necesitado poner Netflix de excusa, ¿me creeríais? Yo tampoco me hubiese creído hace un año, pero he aprendido que para conocerte a ti misma con tus luces y sombras has de recorrer tú sola el camino y así fue como la Soledad se convirtió en mi compañera de viaje.
Me llevé sorpresas, ya que normalmente en nuestra sociedad hemos asociado "soledad" con "depresión" y así me lo recordaba una y otra vez mi Imaginario Colectivo, pero nunca me he sentido más cuerda. Así que seguí caminando.
Me he encontrado con muchas resistencias. Al principio todas eran mías, por supuesto, porque como buen cambio, tú eres la primera en dudar e intentar autoboicotearte aunque sepas que es lo que quieres hacer, pero después vinieron las externas. Éstas son las que a menudo te hacen titubear más en tu elección y es que no sé porqué hemos decidido darles tanta autoridad a los demás sobre nosotrxs mismxs y peor aún, nos hemos empezado a construir según las percepciones que ellxs tienen sobre nosotrxs. No sé si habrá un denominador común, yo descubrí que el mío era el miedo a no encajar, a no obtener la aprobación de los demás. ¿Cuántas cosas de las que hacemos, las hacemos por nosotros mismxs y no por los demás o el qué dirán?
¿Entendéis ahora por qué volví a mi Kilómetro 0? Yo no era yo o al menos no la versión que yo quiero ser, sino que era la que los demás quería que yo fuese. ¡Ojo! Yo lo permití en todo momento, así que si buscáis culpables: HEME AQUÍ.
Ese fue mi gran error. Al ser consciente de ello, me di cuenta de que era algo que ya intuía, pero que no quería ver, que es lo que suele pasar con todas las verdades.
Estaba dejando en manos ajenas el quererme a mí misma. ¡INSENSATA! ¿Y qué peligroso, no? Entendí por primera vez porque siempre me había chirriado aquello de "una palabra tuya bastará para sanarme". Las únicas palabras que deberían tener esa capacidad son las mías propias.
En resumidas cuentas, descubrí la fragilidad del sistema que había creado yo misma. Mi castillo de naipes se derrumbó por completo y desde ese momento, comencé a edificarme a mí manera, a mi gusto, con mis materiales favoritos y disfruté de lo lindo, porque incluso la banda sonora era de mi elección.
No ha sido fácil, porque todo esto me ha supuesto tener que lidiar con muchas emociones y situaciones que no son del gusto de nadie y es que a nadie le apetece levantarse y tener un plato a rebosar de rabia y pena para desayunar. (A lo mejor, ahora mientras lees esto, te choca que no lo edulcorice para hacerlo bonito como es habitual en la era del siglo XXI, pero esto es lo bonito: mostrar las cosas tan y como son)
A pesar de tanta intensidad emocional os diré que he ganado algo que no esperaba: tranquilidad. Al fin tengo la oportunidad de ser yo misma, de conjugar mis propios verbos en los tiempos que yo elija. Ser yo a pelo.
Sin embargo, a medida que yo ganaba tranquilidad, la gente de mi alrededor se llenaba de confusión. No les culpo, la vida es un teatro y ellxs no entendían el cambio de mi personaje. Fue ahí cuando empezaron las reticencias externas y preguntas infinitas encabezadas por: ¿dónde te metes?, ¿por qué ya no escribes?, etc.
Mis conclusiones a día de hoy:
- El WhatsApp no ha traído más que problemas, no creo que se pueda evaluar una amistad o relación basándose en las conversaciones que se establecen en esta aplicación.
- Nos concebimos como estructuras perennes y nos privamos de poder evolucionar, de darnos oportunidades de ser y de equivocarnos.
- Nadie debería de tener que justificar al resto constantemente sus decisiones.
En conclusión, REIVINDICO MI DERECHO A CAMBIAR Y SOBRE TODO DE OPINIÓN.
Lo que ayer me valía a lo mejor hoy ya no, que es incluso lo que me puede pasar mañana con este texto.
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