¿Y tú, qué filtro le pones a tu vida?
El otro día vi en Facebook una publicación sobre "22 cosas que sólo reconocerás si naciste y/o viviste en los 90" y me chocó la de cosas que había olvidado: el tamagochi como adicción, el discman llevado en la mano por la calle como si de un IPod Mini se tratase, las horas interminables picándote con el ordenador jugando al Solitario, las notitas en clase predecesoras a los wasaps, los Nokia y sus teclas con 3 letras cada una sin imaginar siquiera el teclado táctil, etc.
No sé vosotros, pero ha llegado un momento en el que he normalizado la realidad que me rodea de tal manera que el wifi me parece tan básico y necesario como respirar. ¿Quién no se ha cabreado por teléfono con su compañía móvil? Me hace gracia pensar que crecí con un internet arcaico que se caía cada vez que alguien llamaba a casa y eso me impedía seguir la conversación de Messenger con el chico que me gustaba o el saber si se conectaba o no. Cosas de teenagers, pero ahora las veo y me resultan inocentes. Y creo que es justo eso lo que nos ha quitado la tecnología: la inocencia y la ilusión.
Ahora me descubro leyendo cosas en internet que ni me tocan, pasando fotos sin reparar en ellas, viendo anuncios que no me creo y comparando mi vida y avance personal con el de las personas que sigo en mis redes sociales. ¿De verdad estamos avanzando? ¿A esto llamamos estar más desarrollados? ¿O estamos creando una sociedad estereotipada en la que ya todo está inventado y nada sorprende?
Soy consciente de los beneficios de la tecnología, pero a menudo me pregunto cuál es el precio que estamos pagando por ella. El creer que la realidad es todo aquello que vemos a través de nuestra pantalla del móvil...¿no nos deshumaniza?
Hemos llegado al punto de que si no publicamos lo que estamos haciendo o el dónde estamos, no existe. No ha existido. ¿Sólo vivimos si publicamos de cara a la galería o la verdadera vida es aquello que no mostramos, porque no hay filtro que pueda embellecer semejante REALIDAD?
Personalmente, cada día que pasa me siento más esclava de esta sociedad que hemos creado entre todos. Una sociedad que aboga por los filtros, los tweets categóricos y una comunidad en el que se viraliza al Anónimo que se cree con derecho de opinar y damnificar a cualquiera con sus comentarios, pero el aludido no tiene ni derecho a saber de quién proviene semejante odio. Porque esa es otra novedad, hoy en día, TODO EL MUNDO OPINA y no sólo eso, su opinión va a misa y punto.
Yo soy partidaria de que no todo el mundo debería tener redes sociales, respeto la crítica constructiva, pero no el odio por el odio, que lo único que esconde es una serie de complejos no tratados.
Llevamos una tendencia en la que si parpadeas, ya te has perdido el nuevo teléfono, aplicación o programa, pero a nivel humano qué narices estamos promoviendo. Una sociedad frustrada por el escaparate de felicidad diaria inalcanzable, los cuerpos perfectos, el #truelove y suma y sigue.
No echo balones fuera, yo formo parte de ese escaparate, yo también lo alimento día a día con mis stories, sólo me pregunto cuánto tiempo de mi día calculará mañana mi móvil que he dedicado a mis redes sociales y no a vivir viviendo. Es decir, sin pantallas de por medio.
Y la última pregunta y ya paro: ¿cuánto tiempo hace que no sales de casa sin el móvil sin miedo a necesitarlo?
No sé vosotros, pero ha llegado un momento en el que he normalizado la realidad que me rodea de tal manera que el wifi me parece tan básico y necesario como respirar. ¿Quién no se ha cabreado por teléfono con su compañía móvil? Me hace gracia pensar que crecí con un internet arcaico que se caía cada vez que alguien llamaba a casa y eso me impedía seguir la conversación de Messenger con el chico que me gustaba o el saber si se conectaba o no. Cosas de teenagers, pero ahora las veo y me resultan inocentes. Y creo que es justo eso lo que nos ha quitado la tecnología: la inocencia y la ilusión.
Ahora me descubro leyendo cosas en internet que ni me tocan, pasando fotos sin reparar en ellas, viendo anuncios que no me creo y comparando mi vida y avance personal con el de las personas que sigo en mis redes sociales. ¿De verdad estamos avanzando? ¿A esto llamamos estar más desarrollados? ¿O estamos creando una sociedad estereotipada en la que ya todo está inventado y nada sorprende?
Soy consciente de los beneficios de la tecnología, pero a menudo me pregunto cuál es el precio que estamos pagando por ella. El creer que la realidad es todo aquello que vemos a través de nuestra pantalla del móvil...¿no nos deshumaniza?
Hemos llegado al punto de que si no publicamos lo que estamos haciendo o el dónde estamos, no existe. No ha existido. ¿Sólo vivimos si publicamos de cara a la galería o la verdadera vida es aquello que no mostramos, porque no hay filtro que pueda embellecer semejante REALIDAD?
Personalmente, cada día que pasa me siento más esclava de esta sociedad que hemos creado entre todos. Una sociedad que aboga por los filtros, los tweets categóricos y una comunidad en el que se viraliza al Anónimo que se cree con derecho de opinar y damnificar a cualquiera con sus comentarios, pero el aludido no tiene ni derecho a saber de quién proviene semejante odio. Porque esa es otra novedad, hoy en día, TODO EL MUNDO OPINA y no sólo eso, su opinión va a misa y punto.
Yo soy partidaria de que no todo el mundo debería tener redes sociales, respeto la crítica constructiva, pero no el odio por el odio, que lo único que esconde es una serie de complejos no tratados.
Llevamos una tendencia en la que si parpadeas, ya te has perdido el nuevo teléfono, aplicación o programa, pero a nivel humano qué narices estamos promoviendo. Una sociedad frustrada por el escaparate de felicidad diaria inalcanzable, los cuerpos perfectos, el #truelove y suma y sigue.
No echo balones fuera, yo formo parte de ese escaparate, yo también lo alimento día a día con mis stories, sólo me pregunto cuánto tiempo de mi día calculará mañana mi móvil que he dedicado a mis redes sociales y no a vivir viviendo. Es decir, sin pantallas de por medio.
Y la última pregunta y ya paro: ¿cuánto tiempo hace que no sales de casa sin el móvil sin miedo a necesitarlo?
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